Tejido de cuidado mutuo en familias migrantes

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Tejido de cuidado mutuo en familias migrantes

Autores:

Edward Johnn Silva Giraldo
Johanna Alexandra Carrillo Villamizar
Cesar Augusto Silva Giraldo

La presente investigación tuvo como objetivo la identificación de las redes de apoyo que contribuyen al tejido de cuidado mutuo en familias migrantes provenientes de Venezuela. Las categorías orientadoras se organizan alrededor de los conceptos de las redes de apoyo, la construcción de paz, la ecología de saberes y el cuidado. La metodología se desarrolló a través de un estudio cualitativo descriptivo y las prácticas colaborativas. Los resultados enfatizan en las posibilidades que ofrecen el trabajo en red y su importancia en la construcción de sistemas de corresponsabilidad y colaboración entre la familia, la escuela y la comunidad para configurar un tejido de cuidado mutuo con las familias migrantes sin caer en una pauta de ayuda asistencial.

Del libro: “El lenguaje de las redes: tejido de saberes en el trabajo psicosocial con familias”
Colección de Investigación en Educación, Empresa y Sociedad.
ISBN: 978-958-52030-2-0

PALABRAS CLAVE: Redes de apoyo, cuidado, construcción de paz, familias migrantes

Tejido de cuidado mutuo en familias migrantes

El modelo social excluyente configura un pensamiento abismal, que divide la realidad social entre los que están “de este lado de la línea” y los que están “del otro lado de la línea”; justificando que un grupo sea tratado como subhumano por no responder a los estándares establecidos de progreso y desarrollo. De este modo, se recurre al concepto de ecología de saberes (Santos, 2013), para reconocer la pluralidad de conocimientos heterogéneos de familias venezolanas que se encuentran ubicadas en una localidad de la ciudad de Bogotá.

El pensamiento abismal divide la realidad social en sociedades metropolitanas y territorios coloniales. Es decir, una segregación social que se define a través de una cartografía que diferencia entre zonas salvajes y civilizadas. Por tanto, se da un epistemicidio al considerar el saber y la experiencia de diferentes culturas como inferiores, ausentes o inexistentes (Santos, 2013). Hay un descuido y un abandono creciente de la condición social en las ciudades. La mayoría de los habitantes se siente desarraigada culturalmente y alienada socialmente (Boff, 2015).

Por lo anterior, es necesario promover una revolución del afecto y una relectura de la historia (Ospina, 2018), ya que el encuentro entre poblaciones se ha entendido como un choque de culturas que debe resolverse por la vía de explicar quiénes son más desarrollados y quiénes más subdesarrollados, generando clasificaciones de exitosos y fracasados (Ospina, 2012).  Tales discursos generalizantes y totalizantes basados en la desigualdad, legitiman la explotación laboral, el etiquetamiento y la estigmatización. Es decir, un mundo donde todo es desechable, incluidos los seres humanos, donde los innumerables significados posibles de toda cosa se reducen a un único significado: su utilidad (Ospina, 2012). En este orden de ideas, se considera pertinente no etiquetar, ni polarizar con expresiones dicotómicas que enfatizan en la desigualdad social de las familias migrantes. Al respecto señala Dabas (1998), la mayoría de las veces los niños se niegan a hablar por la rotulación que los coloca en situación de ser examinados y a ser hablados por otros (Dabas, 1998).

Para tejer la red entre la familia y la escuela se requiere evitar pautas que generan distanciamiento y enfrentamiento entre los dos sistemas. Por ejemplo, el etiquetamiento alrededor de un apresurado diagnóstico relacionado con la nacionalidad; la polarización que justifica la reproducción de la desigualdad social; la generalización a partir de discursos totalizadores de “siempre” y “nunca” que estigmatizan y discriminan; y la respuesta mecánica que hace alusión a los mensajes que se expresan de manera verbal y escrita sin reflexión, producto de los medios masivos de información (Silva, 2018).

El trabajo en red cuestiona posiciones fundamentalistas basadas en colonizar, domesticar e imponer la verdad absoluta, la cual atribuye el saber a un solo dueño, quien se encarga de distribuirlo y repartirlo de modo paternalista, desde un discurso que justifica su lugar como interventor de soluciones (Silva, 2018). La red se teje a partir de la interacción colaborativa y la ayuda mutua, flexible y contextualizada (Medina, 2009). Para configurar la red, se requiere de relaciones nutricias, estas se dan en el marco del reconocimiento, la valoración y el estímulo para actuar de manera corresponsable como agentes de cambio social (Linares, 2012). Por tanto, cuando los padres se transmiten reconocimiento y valoración por acciones que corresponden a su función parental, los hijos ingresan a un sistema de colaboración mutua y estos se benefician al recibir atención, comprensión, cariño y acompañamiento en la toma de decisiones (Silva & Valderrama, 2015).

El fortalecimiento de un tejido social de cuidado mutuo se consigue a través de las estrategias de nutrición relacional. Las estrategias vinculadoras cumplen la función de brindar reconocimiento y valoración; las estrategias negociadoras se dan en el marco de las conversaciones creativas para favorecer la toma de decisiones; las estrategias responsabilizadoras permiten configurar un sistema de corresponsabilidad parental, comunitaria e institucional (Linares, 2012). Estas estrategias estimulan la experiencia de amor complejo y la parentalidad en equipo (Silva & Valderrama, 2015). En este sentido, se invita a la fomentar la cooperación y la interacción desde perspectivas circulares. Por tanto, la corresponsabilidad se da a través de las relaciones de respeto mutuo (Silva, 2018).

La perspectiva de redes entendida como sistemas abiertos y en construcción, permite desestructurar los modelos piramidales. El pensamiento piramidal se limita a señalar la existencia de una cúspide como centro del poder jerárquico, donde se toman las decisiones de arriba hacia abajo y se impone una verdad única. Mientras que en el pensamiento red, se acepta la diferencia de opiniones, se valora la creatividad, se promueve la reciprocidad y las relaciones redes (Fasano, 2010).

Según Martha (2007), el cuidado de los vínculos favorece la configuración de redes de apoyo y promueve las conexiones entre los sistemas, estimulando la participación en las decisiones colectivas sobre la base de objetivos comunes. En este sentido, se da la construcción de vínculos recíprocos de intercambio, confianza y responsabilidad; el desarrollo de procesos interdependientes entre generaciones familiares y sociales; el fortalecimiento de redes de solidaridad y escucha múltiple; el incremento de la calidad de vida de las personas, la contribución a la construcción de una comunidad más vivible y la comprensión de que el tejido relacional de las familias está constituido por las llamadas redes de parentesco, de amistad y vecindario.

Para Garde (citado por Garro & Arellano, 2016), cuidar implica para los miembros de la familia la oportunidad de reforzar vínculos inter e intrageneracionales. Según Leininger (citado por Mínguez, 2000), el constructo del cuidado se ha relacionado con la supervivencia de los seres humanos, la empatía, la presencia, el alivio, el compromiso, el soporte, la confianza, el estímulo, la implicación, la restauración y la protección.

Por tanto, un trabajo psicosocial que no desarrolle redes sociales y comunitarias y que esté dirigido solamente a trabajar los problemas individuales será una opción restrictiva. Por consiguiente, hay que buscar formas de apoyo social y de fortalecimiento de redes comunitarias, que contribuyan a construir vínculos sociales y de solidaridad (Castellá, 2008). Según Watzlawick y Ceberio (citado por Silva, 2018), para tejer la red con las familias migrantes se requiere superar la visión lineal y reduccionista que indica qué familia tiene el problema y qué profesional tiene la solución, ya que el profesional no construye relaciones con la familia alrededor de la omnipotencia, ni de la impotencia, sino a partir de la potencia y la valoración personal.

La invitación es a reconocer los distintos saberes y superar la visión lineal y reduccionista que centra el conocimiento en un experto. La visión de experto conlleva a diseñar programas sin la participación de las familias. Es decir, programas que se plantean supuestamente desde la participación popular que piden a la gente su opinión para luego decidir a espaldas del conjunto el camino a seguir (Dabas, 1998). Según Bauleo et al. (citado por Dabas, 1998), los abordajes descentrados de la visión del experto se apoyan de la capacidad autogestora de los grupos.

Los sujetos comunitarios en red, no solamente se colaboran para resolver problemas, sino también para encontrar espacios de disfrute, de sentido, para construir vínculos recíprocos de intercambio, de confianza, de responsabilidad, de solidaridad y de apertura, que favorecen el incremento en la calidad de vida, en sí misma y para toda la comunidad (Marta, 2007).

Lo mencionado, invita a propiciar nichos ecosistémicos que tengan como sustento ético el principio de la solidaridad y la colaboración para lograr sociedades más justas, equitativas, dignificadoras y respetuosas con la vida (Castilla, 2016). Los diálogos colaborativos según Anderson (1999) convocan a las personas a la construcción conjunta, estimulando el desarrollo de ideas flexibles e intercambios de saberes. Tales conversaciones enfatizan en hablar con el otro, aprender con el otro y reconocer la expresión de múltiples puntos de vista, facilitando la redefinición de narrativas rígidas que establecen discursos de verdad.

El fenómeno social de la migración requiere abordarse desde un enfoque que supere el asistencialismo basado en esquemas organizativos jerárquicos que se limita a entregar bienes y servicios a las personas de la comunidad, donde las personas migrantes desempeñan un rol pasivo. Por tanto, el propósito es configurar un sistema de democracia participativa y de compromiso cívico que atienda a las demandas ciudadanas y active las capacidades de las comunidades, mediante la promoción de espacios de discusión y aprendizaje social compartido (Bernaola, 2016). La participación del sector público y privado son un apoyo fundamental, sin embargo, no son estos sectores quienes determinan e imponen cuál es el problema y la solución, pues lo que se busca es trascender la visión asistencialista y que los ciudadanos estén más interconectados, participativos y empoderados (Monge & Allamand, 2016). Las acciones coordinadas entre las instituciones gubernamentales, privadas, organizaciones sociales y las comunidades contribuyen al cambio social, un cambio que se da no solamente desde arriba y desde afuera sino también de adentro y desde abajo (Lederach, 2000).

Pensar en red implica visualizar las pautas que conectan con la intencionalidad compartida,  aceptar las diferencias de opiniones, valorar la creatividad y promover la reciprocidad (Fasano, 2010).El trabajo en red confronta el pensamiento asistencialista que percibe a las familias como un objeto de ayuda y necesitada de intervención externa, por el contrario, cree en el potencial de las familias para posibilitar propuestas que surgen de sí mismas, mediante un modelo de soluciones coparticipativas, horizontales y circulares (Silva, 2018).

En el marco del fenómeno de la migración, se requiere configurar sistemas mediadores y generativos para el desarrollo de un trabajo coordinado con propósitos comunes que sume las acciones de todas las personas. Las conversaciones facilitadoras potenciadoras del cambio son las que permiten tejer procesos de intercambio de voces, maneras de interactuar y pautas que conectan (Schnitman, 2015). Para este propósito, se requiere leer los códigos sociolingüísticos, que favorecen la participación democrática, colaborativa, el reconocimiento de los esfuerzos, los logros, los recursos de las personas y colectivos (Sánchez, 2015). Desde este punto de vista se recurre a modelos más recursivos y circulares, con énfasis en las fortalezas y menos atención al déficit, ya que el profesional en el trabajo con las familias no se limita a ser un dador o receptor de información, sino un constructor que trabaja de manera participativa, colectiva y apreciativa (Parra, 2016).

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Agradecimientos Editorial EIDEC

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